martes, 28 de marzo de 2017

SEBASTIÁN DURÓN




Sebastián Durón nació en Brihuega, un pueblo alcarreño, un 19 de abril de 1660 y desde muy jovencito recibió lecciones de música de su hermano Diego que también era músico. Fue maestro de capilla y organista de diferentes catedrales entre las que citamos Sevilla, Palencia, Cuenca o El Burgo de Osma, pero su gran momento fue cuando lo nombraron organista de la Real Capilla del último de los Austrias, Carlos II. Corría el año 1691 y al rey hechizado tan sólo le quedaban nueve años de vida. Durón renovó su cargo en 1701, ya con Felipe V en el trono, pero su apoyo a los Austrias durante la Guerra de Sucesión hizo que perdiera su puesto en 1706 y que partiera al exilio a tierras galas en donde estaba la reina Mariana de Neoburgo, viuda de Carlos II. En Bayona, donde estaba la reina,  ejerció de capellán y fue el sacerdote que la casó con el hijo del tonelero, el vasco Jean de Larrétéguy, del que la reina, que no había tenido hijos con Carlos II,  tuvo varios descendientes. Pero esto ya da para otra entrada de blog. Durón moriría, un 3 de agosto de 1716,   en Cambó- les – Bains, en donde, casi doscientos años después, moriría Isaac Albéniz. De su obra, os recomiendo las Tonadas en donde podemos ver la escasa diferencia que separaba lo sagrado de lo profano y disfrutar de una maravillosa interpretación de Raquel Andueza y de Manuel Vilas. Curiosamente, mi admirado padre Feijoo le oponía a Literes, otro gran músico del XVII español y prefería el sacerdote gallego a éste último porque había conservado “la pureza de la música española” frente al estilo “italianizante” de Durón. Y es que Durón vio claro que la entrada de la música italiana, que siempre había influido en la española, era imparable con la llegada de los Borbones al trono de España. os prometo hablar otro día de Mariana de Neoburgo.

FEDERICO ROMERO SARACHAGA O EL LIBRETISTA Y SUS HIJAS




Aunque fui muchas a la consulta de su hija, que era mi pediatra, nunca lo vi a él, el libretista de zarzuela más conocido junto a Guillermo Fernández – Shaw. María del Socorro y su hermana Pilar, que yo recuerde, vivían con sus padres en la calle Españoleto de Madrid y tenían otro piso, unos números más arriba en donde pasaba consulta por las tardes María del Socorro que era directora del Instituto Español de Hematología y Hemoterapia y que estaba en General Oraa. Recuerdo los viajes en taxi hasta la calle mencionada y la consulta en donde tenía una máquina de rayos X. Su padre, Federico Romero Sarachaga, había nacido en Oviedo en 1886, pero se consideraba manchego de La Solana, población de la que fue nombrado hijo adoptivo. Fue profesionalmente telegrafista, pero su gran ocupación fue escribir libretos de zarzuelas tan conocidas como Doña Francisquita de Amadeo Vives, Luisa Fernanda, de Moreno Torroba o la Rosa del azafrán del maestro Guerrero. Pero su producción no se queda aquí pues, en más de treinta y cinco años de actividad, escribió más de sesenta y cinco libretos. Cuando murió, en 1976, a los noventa años, su entierro fue toda una manifestación de duelo y el propio presidente del Gobierno, a la sazón Carlos Arias Navarro, presidió el entierro. No sé si eso era un honor o un horror, pero como pasó lo cuento. La última vez que vi a mi pediatra, la doctora Romero que era como la conocíamos en casa, fue cuando, en medio de una adolescencia turbulenta, fui a su consulta, como cuando  era un niño, y me diagnosticó que tenía el “cuore” grande por lo que mi madre me llevó a la Fundación Jiménez Díaz en la que, tras una exhaustiva revisión, quedó todo en un susto. Ya de más mayor, creo que en la Facultad,  visité aquella casa familiar de los Romero, a la que nunca había entrado.  Recuerdo el retrato de Amadeo Vives, mi querido don Amadeo, encima del piano. Ya no supe más de “la doctora Romero” hasta que por estas maravillas de la técnica he visto que murió en el 2013 con noventa y cuatro años de edad. Ninguna de las dos hermanas Romero Sánchez tenía hijos así que no hay herederos directos de don Federico Romero, el gran libretista, cuya hija me atendió de pequeño. ¿Habrá tenido este hecho la culpa de que sea yo un amante de la zarzuela? Puede ser.

 

miércoles, 22 de marzo de 2017

ALONSO SÁNCHEZ DE HUELVA, EL PRENAUTA










Alonso Sánchez de Huelva habría nacido en esta ciudad andaluza a mediados del siglo XV y se habría dedicado a hacer viajes entre Inglaterra, Canarias y Madeira. Un día, una fuerte tormenta, cuando hacía la ruta entre Canarias y Madeira, se lo llevó hacia el oeste y él, con su tripulación,  llegaron a una tierra extraña en la que los nativos lo recibieron como dioses, pues ellos consideraban dioses a los hombres barbados. Los indígenas les dieron oro, comida y hasta les ofrecieron a sus mujeres como regalo. Los marineros españoles empezaron a preparar su viaje de vuelta y, tras un mes de viaje, arribaron a la isla de Porto Santo, en el archipiélago de Madeira. Y mira tú por dónde en esta isla habitaba un marinero que tenía por nombre Cristóbal Colón y que escuchó,  de boca del onubense,  su aventura y que le abrió todo un camino. Esta historia la recoge el padre Bartolomé de las Casas y Pedro Mártir de Anglería,  que escribió en latín las Décadas de orbe novo,  nos guarda una sorpresa: una nota manuscrita al margen de un ejemplar de estas décadas nos cuenta cómo fue este piloto el que contó a Colón lo que había descubierto y hasta dónde había llegado que, parece ser por lo que contó, habría sido la que después se llamaría isla de Santo Domingo. Así nos lo cuenta Juan Gil Fernández, hermano del helenista Luis Gil Fernández y también catedrático e historiador. Por si esto fuera poco, el Inca Garcilaso de la Vega es el primero que pone nombre al piloto y lo llama Alonso Sánchez de Huelva e inicia así un debate que se mantuvo abierto durante siglos. José Ceballos, Comendador del Convento de los Mercedarios Descalzos de Sevilla, afirmaba en  1762 que la dicha historia del marinero onubense que en Porto Santo le habló a Colón de lo que había visto en aquellas misteriosas tierras al oeste era cierta y que Colón fue Colón por el tal Alonso. Los onubenses le han dedicado a su ilustre paisano un parque, un monumento y hasta un Instituto de Educación Secundaria. Espero que no se lo quiten al pobre Alonso como le pasó, como recordé ha poco en otra entrada,  a mi queridísimo Claudio Prieto en Guardo y que el centro que recuerda a tan heroico marino se acabe llamando IES cuarto de la tercera demarcación de la subdirección oeste del occidente de Andalucía. Me fastidiaría porque mi hijo pequeño se llama Alonso y hay que barrer para el convento.

DIEGO DE LOSADA, FUNDADOR DE CARACAS



Resulta que el fundador de Caracas era de Rionegro del Puente, localidad de Zamora, cercana ya a la Sanabria,  y que tiene por patrona a la Virgen de la Carballeda de la que recuerdo, en mis numerosos viajes a Galicia, una hornacina con su imagen y con la leyenda  “Que la Virgen de la Carballeda te guíe!”. En Rionegro comprábamos el pan, ya con centeno, y las magdalenas que nos servían para el almuerzo allá en la fuente que había en lo alto del puerto de La Canda, frontero ya con Galicia. Pues ese muchacho que nació en Rionegro y cuyo nombre era Diego Losada, pasó a servir con quince años, - había nacido según parece en el año de gracia de 1511 - , al duque de Benavente, don Alonso de Pimentel, en su palacio de Benavente que hoy en día es Parador de Turismo. En 1533 se encontraba en Puerto Rico con Pedro Reinoso, su compañero de viaje, y con él se incorpora a las huestes de Pedro Sedeño que buscaba las riquezas de El Dorado. Pasamos por alto muchas aventuras de nuestro Diego y,  en 1543,  lo vemos saliendo de Coro camino de Cubagua. En 1522, funda Nueva Segovia de Barquisimeto, pero el interés por las vetas de oro que había en las cercanías del valle de los indios caracas hace que el zamorano marche para allá. Siguiendo una Real Cédula de 1563, el zamorano Losada inicia el repoblamiento del lugar y funda la ciudad de Santiago de León de Caracas: era el 25 de julio de 1567 y,  como no podía ser menos, el rionegrino se acuerda de su Virgen de la Carballeda y funda, en las ruinas de la villa de El Collado, el puerto de Nuestra Señora de Carballeda, que en la actualidad recibe el nombre de Caraballeda. Siguen sus aventuras por tierras venezolanas, pero eso nos llevaría mucho más de lo aconsejable para una entrada de un blog. Diego de Losada, el muchacho que con quince años salió de Rionegro del Puente camino de Benavente y de Benavente a tierras americanas, murió a finales de 1569 en las cercanías de Borburata. Sus restos se encuentran enterrados en Cubiro, en el estado de Lara cuya capital ( que me corrijan mis primos venezolanos si me equivoco) es Barquisimeto de donde son el poeta Rafael Cadenas, - del que os hablaré, Deo volente-,  Aquiles Machado, gran tenor, y Gustavo Dudamel,  director de orquesta.  Ya veis hasta dónde puede llegar un rionegrino o rionegrense que de las dos maneras se puede y se debe nombrar a un nacido en Rio Negro del Puente.

 

CRISTÓBAL DE CASTILLEJO







Hay que saber apostar por el caballo ganador, pero si apostamos al perdedor pensando que es el que tiene más posibilidades de ganar, al menos, somos honrados con nosotros mismos y con nuestro saber equino. A Cristóbal de Castillejo le pasó algo parecido, pero en poesía. Don Cristóbal, que era mirobrigense como José Antonio de Elías y como Fernando Arrabal, se puso en contra de la poesía italianizante que practicaban Boscán y Garcilaso y defendió con ahínco lo castizo, es decir, la versificación de un Juan de Mena. Pro el endecasílabo tenía la partida ganada y por mucho que don Cristóbal se empeñara en meterse con los que “hablan en italiano” tenía la partida perdida. Castillejo se dedicó a practicar la poesía que se escribía en el siglo XV y no quiso entrar en esa nueva poesía que se imponía en la Europa culta de la época. Era su opción y la defendió con uñas y dientes y por valentía merece todo nuestro respeto. Sin embargo, no puedo dejar de decir que fue una pena que no optara por lo nuevo porque era buen poeta y podría haber llegado lejos, mucho más lejos que aparecer en este pobre blog en un día de marzo de muchos siglos después.




REPRENSIÓN CONTRA LOS POETAS ESPAÑOLES


Pues la sancta Inquisición
Suele ser tan diligente
En castigar con razón
Cualquier secta y opinión
Levantada nuevamente,
Resucítese Lucero,
A corregir en España
Una tan nueva y extraña,
Como aquella de Lutero
En las partes de Alemaña.

Bien se pueden castigar
A cuenta de anabaptistas,
Pues por ley particular
Se tornan a baptizar
Y se llaman petrarquistas.
Han renegado la fee
De las trovas castellanas,
Y tras las italianas
Se pierden, diciendo que
Son más ricas y loçanas,

El juicio de lo cual
Yo lo dexo a quien más sabe;
Pero juzgar nadie mal
De su patria natural
En gentileza no cabe;
Y aquella cristiana musa
Del famoso Joan de Mena,
Sintiendo desto gran pena,
Por infieles los acusa
Y de aleves los condena.

"Recuerde el alma dormida"
Dice don Jorge Manrique;
Y muéstrese muy sentida
De cosa tan atrevida,
Por que más no se platique.
Garci-Sánchez respondió:
"¡Quién me otorgase, señora,
Vida y seso en esta hora
Para entrar en campo yo
Con gente tan pecadora!"

"Si algún Dios de amor había,
Dixo luego Cartagena,
Muestre aquí su valentía
Contra tan gran osadía,
Venida de tierra ajena".
Torres Naharro replica:
"Por hacer, Amor, tus hechos
Consientes tales despechos,
Y que nuestra España rica
Se prive de sus derechos".

Dios dé su gloria a Boscán
Y a Garcilaso poeta,
Que con no pequeño afán
Y por estilo galán
Sostuvieron esta seta,
Y la dexaron acá
Ya sembrada entre la gente;
Por lo cual debidamente
Les vino lo que dirá
Este soneto siguiente.


 

FEDERICO BALART




Federico Balart nació en Pliego, un pueblo de Murcia, y llegó a tener cargos de enjundia en el gobierno de España. En sus ratos libres, este político, en lugar de dedicarse a hundir  Bankia, a gastar la pasta de las tarjetas black o a llevar contabilidades en B en el partido para comprase una casiña en Baqueira Beret, pues escribía versos. Azorín dice que era un poeta malísimo, prosaico y sin arte, pero su libro Dolores, dedicado a la mujer con la que se casó y que falleció dejando a Balart en un gran desconsuelo, fue un superventas de la época al modo y manera de un Escandar Algeet cualquiera. Balart fue amigo de Antonio Grilo, otro pobre poeta que ya está en el infierno del olvido y que en su día fue poeta favorito de don Alfonso XII y de su señora madre , doña Isabel II, que le pagaron una edición de sus poemas. Pero no todo va a ser pena porque el pobre Balart da nombre al IES de Pliego, su pueblo natal, y hasta tiene su callecita y todo. En fin, menos da una piedra, pero, si no se la quitan como al pobre Marqués de Lozoya o le cambian el nombre al IES como ocurrió en Guardo con el recientemente fallecido Claudio Prieto, se puede dar por contento allá en el parnaso en donde habite. O tempora, o mores! que traducido en el latín LOMCE viene a decir ¡Oh tiempos de los moros!

 

Para Dios no hay eventos, no hay acasos:
antes que el giro de la azul esfera
la eternidad a tiempo redujera,
contó mis horas y midió mis pasos.
El mal y el bien me brindan con sus vasos,
y esquivarlos en vano el alma espera,
que de mi vida la fatal carrera
mutaciones no admite ni retrasos.
Anterior a mi ser es mi destino;
tasadas mis acciones ab aeterno;
fija la suerte, ineluctable el sino:
¡y aun suponen que un Dios piadoso y tierno
puede abrir al final de mi camino
la sima tenebrosa del infierno!

 

 

sábado, 18 de marzo de 2017

JUAN BELMONTE, MATADOR DE TOROS



No voy a descubrir ahora que Manuel Chaves Nogales fue un escritor de fuste y creo que ya he ido dejando en este blog noticia de lo mucho que me ha gustado todo lo que he leído de él. Ahora,  le ha tocado el turno a Juan Belmonte, matador de toros y el fruto de su lectura ha sido un máximo placer. Chaves Nogales consigue una biografía que semeja una autobiografía y así parece que es el mismo Belmonte, el pasmo de Triana, el que nos está contando su vida con un estilo ágil, cuidado y ameno al que no le falta aquello que los barrocos llamaban decoro, es decir, que cada personaje hable de acuerdo a su situación social, o cultural. No descubro el mediterráneo si os digo que este libro que he leído en este mes de marzo es un gran libro, pero sí que os digo que lo leáis: merece la pena.