lunes, 16 de octubre de 2017

ALFREDO DUARTE MARCENEIRO, EL ANTONIO MAIRENA DEL FADO





Alfredo Duarte Marceneiro, es decir, el ebanista, fue el más grande cantantes de fado del siglo XX. Marceneiro fijó los diferentes “palos” del fado que superan la centena. Su manera de cantar y su “postura” ( en palabras de Carlos do Carmo, algo fundamental para cantar el fado) fueron modelo para generaciones de fadistas. Sus fados, basados en muchas ocasiones en letras poéticas, siguen despertando la admiración de todo aquel que tiene la delicadeza de acercarse a ellos. O pajem fue de los primeros fados que escuché y su letra, absolutamente “camp” me cautivó. Tanto como O pajem, me cautiva el fado Bêbado pintor, un fado del que Guillermo Sautier Casaseca hubiera hecho un culebrón radiofónico, pero que a Marceneiro le bastan con tres minutos. Ahí os dejo la letra. ¡Una gozada!
y si digo lo de Antonio Mairena, es porque, al igual que el gran cantaor, Marceneiro recopiló de manera hegeliana los fados que se cantaban y estableció, como ya queda dicho,  las bases para lo que vendría después. Un genio.

BÊBADO PINTOR

Encostado sem brio ao balcão da taberna
De nauseabunda cor e tábua carcomida
O bêbado pintor a lápis desenhou
O retrato fiel duma mulher perdida
Era noite invernosa e o vento desabrido
Num louco galopar ferozmente rugia,
Vergastando os pinhais, pelos campos corria,
Como um triste grilheta ao degredo fugido.
Num antro pestilento, infame e corrompido,
Imagem de bordel, cenário de caverna,
Vendia-se veneno à luz duma lanterna
À turba que se mata, ingerindo aguardente,
Estava um jovem pintor, atrofiando a mente,
Encostado sem brio ao balcão da taberna.

Rameiras das banais, num doido desafio,
Exploravam do artista a sua parca féria,
E ele na embriaguez do vinho e da miséria,
Cedia às tentações daquele mulherio.
Nem mesmo a própria luz nem mesmo o próprio frio,
Daquele vazadouro onde se queima a vida,
Faziam incutir à corja pervertida,
Um sentimento bom d'amor e compaixão,
P'lo ébrio que encostava a fronte ao vil balcão,
De nauseabunda cor e tábua carcomida.

Impudica mulher, perante o vil bulício
De copos tilintando e de boçais gracejos,
Agarrou-se ao rapaz, cobrindo-o de beijos,
Perguntando a sorrir, qual era o seu oficio,
Ele a cambalear, fazendo um sacrifício,
Lhe diz a profissão em que se iniciou,
Ela escutando tal, pedindo-lhe alcançou
Que então lhe desenhasse o rosto provocante,
E num sujo papel, o rosto da bacante
O bêbado pintor com um lápis desenhou.

Retocou o perfil e por baixo escreveu,
Numa legível letra o seu modesto nome,
Que um ébrio esfarrapado, com o rosto cheio de fome,
Com voz rascante e rouca à desgraçada leu,
Esta, louca de dor, para o jovem correu,
E beijando-lhe o rosto, abraço-o de seguida...
Era a mãe do pintor, e a turba comovida,
Pasma ante aquele quadro, original, estranho,
Enquanto o pobre artista amarfanha o desenho:
O retrato fiel duma mulher perdida.


sábado, 14 de octubre de 2017

CARLOS EDMUNDO DE ORY Y SUS MEMORIAS AMOROSAS




A Carlos Edmundo de Ory le tenía muchas ganas desde hace muchos años y,  en este octubre que más parece junio con esta temperaturas agobiantes del Indian Summer, me he puesto a leer una especie de memorias poéticas en las que Ory nos habla de sus tres ciudades: Cádiz, Madrid y París con la añadidura del pequeño pueblo francés en el pasó sus últimos años. Y esas memorias son especiales porque son Memorias amorosas y este poeta creador del postismo,  que se nos fue en el 2010 y que había nacido en Cádiz en 1923,   en ellas nos va dibujando lugares que se guardan en la memoria del amor. Barandas, alamedas, Misas de domingo, el caballero Tanhäuser van pasando en Tarsos; caminatas votivas, luces de oscurantismo o recuerdos aciagos en Madrid; en París, encontramos bistrots, falsos muertos, cuentos de amor  y, en el pueblecito francés en que murió, Amiens- Thêzy,  nos deja sus “tiempos de vejez”. Sensacional escritor Ory del que espero leer más, especialmente algún poemario y sus Cuentos sin hadas. La edición está al cuidado de Jesús Fernández Palacios, gaditano y poeta como Ory. Y es que ser gaditano, cordobés o sevillano y no ser poeta es algo muy, pero que muy raro.

LOS DEMONIOS





Me acabo de terminar de releer esa maravilla de novela que son Los demonios. La había leído en los años del exilio abulense y entonces no estaba el horno para muchos demonios porque ya circulaban por aquellas calles de granito un exceso de ellos. Sin embargo, con el sosiego que da la edad, al volver a leer esta prodigiosa novela,  he disfrutado de manera desmesurada. Desde la cita inicial,  esos demonios que Cristo expulsa  a una piara de cerdos y que se despeñan,  hasta ese apéndice maravilloso con esa conversación con uno de esos frailes que aparecen en las novelas del ruso con los que a uno le gustaría tener un rato de meditación. Ahí están esas Cinco células subversivas en Rusia que quieren cambiar la sociedad y que don Fiodor describe con maestría y en las que él, personalmente, no creía y que rechazaba.  Gloriosa novela del más grande novelista ruso del XIX.

EL MARQUÉS DE PEÑAS ALBAS


Don Bernardino de Melgar y Álvarez - Abreu, Marqués de San Juan de Peñas Albas, nació por azares del destino en Mondragón, un día de santa Teresa del año de 1863. Era hijo de Juan de Melgar y Quintano y de doña María del Campanar Álvarez- Abreu y Álvarez de las Asturias Bohorques. Siento cortar la genealogía de tan ilustre noble para contar esta anecdotilla, pero es que no me resisto: en un elegante colegio matritense, había un chaval que se

llamaba Bohorques de las Asturias y Bohorques de las Asturias y Bohorques por lo que los profesores de tan distinguido centro lo nombraban como Bohorques3.

En fin, seguimos. En su palacio de Ávila, hoy Parador Nacional de Turismo, reunió una colección de objetos relacionados con la tauromaquia, el folklore y las artes plásticas que hoy están en el palacio de los Deanes de la capital castellana, lugar en donde está el Museo de Ávila. También tuvo una biblioteca teresiana (recordemos que nació el día de la Santa) en la que se incluían numerosos autógrafos de la santa abulense y que hoy en día están en la Biblioteca Pública de Ávila. Su obra es inmensa, tanto como historiador, como cronista de Ávila. Fue miembro de la Real Academia de la Historia y, puestos a coleccionar marquesados,  fue también Marques de Benavites (título que rehabilitó en 1893) y VI Marqués de Canales y Chozas. Tuvo acta de diputado por Castellón en varias legislaturas y senador por Murcia. De sus libros, me es especialmente querido el que lleva por nombre Ávila del Rey que publicó en la imprenta de Senén Martín.

         Como final,  deciros que escribió un libro,  Héroes y mártires de la aristocracia española,  julio 1936-marzo de 1939 en el que recoge los hijos de nobles que murieron durante la Guerra Civil. En este libro aparecen los hijos del conde de Gamazo y lo he usado para mi interminable ensayo histórico sobre Boecillo. Lógicamente, el marqués había estado de parte de Franco durante la Guerra.

         Y ya, para terminar, contaros una curiosa costumbre del marqués. En Madrid, solía mandar a un criado que cogiera tranvías al azar y él hacía lo propio por otra parte de Madrid. ¿Para qué? Pues para conseguir billetes capicúas de los que el noble era un gran coleccionista. ¡Cómo se ve que tenían servidumbre y les daba tiempo para todo!

viernes, 13 de octubre de 2017

EL MARQUÉS DE SANTO FLORO, LA COSTA AZUL Y UN BIZCOCHO BORRACHO



Don Agustín de Figueroa y Alonso – Martínez, nacido en 1903 en Madrid, era el hijo pequeño de Romanones y, desde muy joven, se dedicó al teatro, a la literatura y al cine, tres ocupaciones nada recomendables para el hijo de don Álvaro de Figueroa. Su afición a la literatura y a los libros la mamó en su casa y su escribir era sereno y delicado, la escritura de un hombre educado,  muy francés y cuyo aspecto externo revelaba lo gran caballero que era.  Aún lo recuerdo en las fotos, elegante y con el porte de un hijo de tan ilustre prócer, junto a su hija Natalia o junto a su yerno Raphael. Tal y como decía Marañón, sus libros se leen con una sonrisa en los labios y suponemos que al señor conde no le importaría tanto el tener un hijo dedicado a tan innobles artes puesto que tampoco le era extraña la escritura con pluma bastante ágil y artística y, sin ir más lejos, en este blog le hemos dedicado alguna entrada a sus famosas biografías de personajes históricos. En este octubre tan veraniego, he leído Dentro y fuera de mi vida que don Agustín escribió a la muy saludable edad de cincuenta y dos años recordando lo que había sucedido en su vida entre 1910 y 1930. Ser hijo del conde de Romanones te hace tener mucho mundo y así,  por el libro del marqués de Santo Floro,  circulan marquesas, embajadores, políticos, reyes y demás familia, gentes  a la que no tenemos acceso el común de los mortales. Efectivamente, el libro se lee con una sonrisa en los labios y, de todas las anécdotas que cuenta me quedo con una en la que narra cómo el ilustre conde, pasando un verano en la Costa Azul, se acordaba de sus tierras de Guadalajara y su hijo sentencia con gracia al recordarlo: “No cabe duda. Recordar tan intensamente a Guadalajara en plena Costa Azul constituye el homenaje más entrañable que se puede tributar a la ciudad de Alvar Fáñez”. Y es que en la Costa Azul habrá hermosas playas, hermosas villas y paisajes de postal,  pero en Guadalajara hay unos bizcochos borrachos que los franceses no han catado en su vida. Tenía razón Romanones.

viernes, 6 de octubre de 2017

JUAN LÓPEZ - MORILLAS, UN INTELECTUAL CASI DESCONOCIDO





Para aquellos que somos lectores empedernidos de Dostoievski, hay un nombre escondido en las  solaPas de los libros que se nos ha hecho familiar: Juan López- Morillas. Este jienense, nacido en Jódar un 11 de agosto de 1913, se marchó muy joven a estudiar el bachillerato al Instituto San Isidro en Madrid  y se licenció en Derecho en 1934. Luego empezó a estudiar lenguas, tanto románicas como eslavas y llegó a tener un perfecto dominio del ruso. Tras la Guerra Civil, López-Morillas se quedó en los Estados Unidos y ya no volvería por España en muchos años porque “con Franco, ¡quién podría volver?. Allí fue profesor en las universidades de Iowa, Brown o Austin.  Pero, como a estos genios parece que les sobra tiempo, también se dedicó a escribir sobre su verdadera especialidad: el pensamiento liberal español desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la Guerra Civil. Y en este periodo, estudió el krausismo y la obra de Ortega de quien se consideraba discípulo. Casado con Frances Mapes, hija del hispanista Erwin K. Mapes, su santa esposa se dedicó a traducir a Galdós, Cela, Delibes y Borges al inglés y, mientras tanto, él se dedicó a traducir al castellano a Dostoievski, Tolstói, Turgenev, su nombre y otros grandes maestros rusos hasta completar veinte tomos de novelas muchas de las cuales se vertían directamente del ruso al español. (Sobre las traducciones de Cansinos, escribiré otra entrada) Es menester señalar que todas estas maravillosas traducciones vertidas en un español que de seguro les hubiera gustado a los novelistas rusos las escribió entre 1978, cuando se jubiló de la Universidad de Brown y aceptó una invitación de la Universidad de Texas, y 1989, fecha en la que se jubiló por segunda vez de sus labores docentes. Además fue un gran viajero y dio clases y conferencias en muchos lugares del mundo.
         A este grandísimo intelectual español, la Junta de Andalucía le ha puesto su nombre  al Instituto de Jódar. ¡Qué menos! ¿No?

EL JARDINET D'ORATS Y LAS MENTIRAS DE LOS INDEPENDENTISTAS





Una de las mayores mentiras de los nacionalistas es que el castellano se impuso por la fuerza en los reinos peninsulares. Nos vamos a detener para ver cómo fue el proceso en el caso de la dolça Catalunya..
En Cataluña, la presencia del castellano en el Reino de Aragón al que, no lo olvidemos, pertenecía Cataluña hizo que la lengua de Castilla, desde muy temprano, no fuera una lengua extraña. Esto lo dijo Ferrán Agulló Vidal, un nacionalista de la Liga,  en 1910:
“En las cuestiones de lengua se ha de evitar la imposición, el contrariar los hábitos, las costumbres. El castellano no se ha impuesto por Decreto en Cataluña, sino por adopción voluntaria, lenta de nuestro pueblo, efecto de los grandes prestigios que iba adquiriendo la lengua castellana. Éramos libres, teníamos completa autonomía política, con Cortes más soberanas que las propuestas en las Bases de Manresa, y ya se hablaba y escribía en castellano, y en castellano hemos de leer uno de los discursos más ardientes que se hicieron en el Salón de San Jorge en las últimas Cortes Catalanas”.
El castellano se fue imponiendo en la península como lengua franca, una especie de inglés de nuestro tiempo, en el que se manejaban los comerciantes, pero también los poetas. Juan Boscán, barcelonés de pro, elegirá el castellano como medio de expresión y no se sentirá menos catalán por ello.
         El erudito catalán Milá y Fontanals nos dice que en la baja Edad Media los romances en castellano eran tradicionales y así en El jardinet d’Orats, cancionero barcelonés acabado en 1486, encontramos veinte poesías en castellano de un total de 84. El resto están en catalán, latín e italiano.
         Visto lo cual, no entiendo a esos que dicen que el castellano era extraño en Cataluña cuando no ha sido nunca así. No he conocido a ningún escritor catalán que desconociera el castellano o que lo viera como lengua extraña. En fin, un caso más de tergiversar la historia de las letras y las lenguas en España para beneficio de los cuatro paranoides que lideran un proceso suicida sin base histórica, política ni económica.