lunes, 31 de julio de 2017

ELENA MEDEL O UN BOCADILLO DE SPAGHETTI CON TRUCHA


Resulta que la poeta, poetisa o como la queramos llamar, se presentó a un concurso de la Junta de Andalucía, el Premio Andalucía Joven, patrocinado por el Instituto Andaluz de la Juventud (excuso decir qué idea tendrá de la juventud y de lo andaluz ese Instituto) y lo ganó. Tenía entonces la interfecta diecisiete años de nada. Ya en 2014, se presenta al premio de Poesía Loewe, en su faceta de creación joven, y lo gana. La chica ya tiene veintinueve tacos y, como es preceptivo, Juan Visor, el grande editor de poesía, le publica el libro. Además, como de perdidos al río y además hay que aprovechar el tirón mediático, pues le publica sus poesías completas que abarcan desde 1998, cuando la rapaza tenía trece años (¿serán poemas a su Barbie?) hasta el presente en que la rapazuca ya anda por los treinta y dos. Por si fuera poco, Túa Blesa (¡Joder, qué nombre tan extraño¡!) le dedica unas páginas y la avala con su saber. Que ¿quién es Túa Blesa? Pues un catedrático de Zaragoza cuyas aficiones son ver el Salvame de luxe  y llegar tarde a los exámenes porque tiene que sacar a la perra a mear; un tío que critica  a la casta, pero que vive de cojones en ella,  dando aprobado general y no pegando un palo al agua. Este tío tan friki,  que seguro que se hace bocadillos de spaghetti con trucha como el Tito Yayo, es el avalista de la poeta porque es un tío moderno y guay con los alumnos y porque además se tiñe el pelo con mechas infames. ¡Ah, se me olvidaba! Este fulano es catedrático de una materia de la que no ha impartido  una clase en condiciones en su puta vida, pero al que sus alumnos no tienen las gónadas de denunciar porque siempre es bueno que te aprueben sin currar y así aprovechamos el tiempo para recorrer los bares.  De puta pena.

         La poetisa,  que ¿cómo es la poetisa? Pues una chica de cara redonda, con los labios pintados de un rojo chillón al estilo de Charlie Rivel, que debe de ser un poco rarita porque dice que se le masturba el pecho izquierdo (una cosa es buscar la imagen poética y otra muy distinta decir gilipolleces) y que, en la portada de su primer libro, aparece una pibita a la que se le ve la “hucha” (hay que ganar lectores al precio que sea). También hay algún orgasmito de la Señorita Pepis por aquí, un pene por allá y una vulva viajera, es decir, los ingredientes necesarios para que la casta de los premios, que viven del cuento gracias a la modernidad, cumplan con su función premiadora. Y luego vienen el salir en el Babelia y en El Cultural, largar alguna obviedad (“la poesía no es la hermana pobre de la literatura) y asistir a cócteles y reuniones de mucho canapé y poco seso ( de la otra palabra con x ni hablo porque no merece la pena) y ponerse muy en plan feminista que siempre da puntos como salir en una gala pidiendo justicia para los asesinados por el franquismo, algo que pedimos todos, pero sin tanto teatro, sin tanta comedia y sin tanta mentira, (¡Ay, cómo se os ve el plumero, gauche divine ) pero, eso sí,  llevarse la pasta a paraísos fiscales y que se jodan los pobres si no tienen escuelas.

         Y ¿esto es la poesía como algo divino, sagrado, voz de los antiguos vates? Y ¿ésta es la poesía como curación, heilen, como palabra que te acerca a lo sagrado?; y ¿esto es la poesía como comunión con la belleza?

         Como diría un castizo de Lavapiés, de los pocos que quedan: ¡No me jodas, que me incomodas!

EL ETERNO MARIDO




Decía Stefan Zweig, mi gran señor feudal en literatura, que Dostoievski ganaba en las novelas breves y creo, sinceramente, que tiene razón. Frente a los grandes buques como Los hermanos Karamázov, Crimen y castigo, El idiota o Los demonios surgen estas nouvelles que revelan el maravilloso oficio del novelista ruso. El eterno marido es una de esas novelas que te dejan tras su lectura una profunda huella, un perfait roman que dirían los franceses. Velchaminov, el típico pleiteador en una justicia rusa eterna en sus pleitos como muy bien nos describe Gogol en sus Almas muertas frente a Trusotski, el eterno marido, “el hombre que ha venido al mundo para ser marido y que crece únicamente para casarse y que, una vez casado, se convierte en un complemento de su mujer” nos dice el autor de la novela con un acierto psicológico incuestionable. Al lado del eterno marido está una mujer infiel que el “eterno marido” soporta con estoica resignación. Sí, me diréis que la novela es políticamente incorrecta porque la debilidad del marido que no sabe “poner a ralla” a la mujer desemboca en unos hermosos cuernos que el cónyuge lleva con elegancia. ¿Estamos diciendo que si no hay potestas por parte del marido, la mujer se vicia y se desmanda? La cuestión es más complicada porque el asunto de los cuernos es , en palabras del joven Alexander Lobosv, otro joven inteligente como Dolguruki, una venganza de la mujer que se ha visto sometida al matrimonio no como un acto de amor entre los conyugues, sino como un contrato social. Si me casan con quien no quiero y con quien les interesa a los demás, es normal que me vengue coronando a mi “eterno marido”.

Pero es que todavía hay más: porque podemos pensar que por qué el amante no echa con cajas destempladas al “eterno marido”, que con eso bastaría para que pudiera vivir a gusto. Y la razón de esa contención reside en la culpa: no lo echa porque Velchaminov actúa coaccionado por la culpa, esa gran modificadora de las conductas humanas. Y , para remate, este eterno pleiteador, cuando se encuentra con esa niña tan bien descrita y detallada por don Fiodor -  que es un maestro en crear niños- , cree que son los hijos los que pueden redimir a aquél cuya vida ha estado plagada de errores (evito decir pecado por si hay alguien que le da un soponcio esa palabra)

         Junto a esto, Velchanínov acaba pensando que quizás veía en su amante, Natalia Vasilievna, virtudes que tan sólo estaban en su cabeza en un proceso de idealización en que todo amante acaba cayendo tal y como reflexiona el Swann de Marcel Proust cuando dice que quizás ha malgastado su vida por una mujer que no era su tipo.

         Espléndida novela corta de Dovstoievsky que recomiendo a los enamorados de la buena lectura.

 




MARIA DO ROSÀRIO PEDREIRA


Creía que ya lo había leído todo (es un decir) en poesía portuguesa actual cuando me aparece Maria do Rosàrio Pedreira y me funde los esquemas. Su poesía es tan portuguesa que me sabe la boca a fado cuando la leo, que me tomo una ginginha no Rossio y que me subo en el tranvía ao barrio alto mientras veo el castillo de San Jorge, fiel guardián de la ciudad que tanto quiero. Maria Rosário Pedreira es una maravilla en forma de poemas que llenan de emoción; es poesía de muchas atmósferas, es poesía que merece tal nombre. Os dejo con el emocionante poema que se titula Devagar.

 



Nada entre nós tem o nome da pressa.
Conhecemo-nos assim, devagar, o cuidado
traçou os seus próprios labirintos. Sobre a pele
é sempre a primeira vez que os gestos acontecem. Porém,

se se abrir uma porta para o verão, vemos as mesmas coisas –
o que fica para além da planície e da falésia; a ilha,
um rebanho, um barco à espera de partir, uma palavra
que nunca escreveremos. Entre nós

o tempo desenha-se assim, devagar.
Daríamos sempre pelo mais pequeno engano.

Maria do Rosário Pedreira

 

SOBRE LA GAITA SANABRESA


Ahora que hay que templar tantas gaitas, os voy a hablar de la gaita sanabresa y le dedico esta entrada a mi querido Javier Celada Quintanilla, o gaiteiro. Ante todo, quiero decir y digo que la gaita sanabresa no es una gaita “desafinada” sino que su afinación es distinta del resto de gaitas. Si la gaita gallega y asturiana está afinada en do, la gaita sanabresa está afinada en mi, lo que le hace tener un repertorio prácticamente único para ella.

Esta gaita, también conocida como gaita de fole, parte de un tronco común con las gaitas gallegas y asturianas, pero en un determinado momento, la sanabresa se para en su evolución – hechos geográficos y socioculturales lo explican, pero no podemos entrar en ellos- y se queda tal y como la conocemos en la actualidad.

Las diferencias principales con las otras gaitas estriban en que el fole es mucho mayor y lo es hasta el punto de que algunos gaiteros hábiles cantan y tocan a la vez;  en  la afinación a la que ya hemos hecho mención y en la  doble palleta que es mucho más basta que la de la gaita gallega hasta el punto de que algunos gaiteros la humedecen en vino, truco usado también por algunos dulzaineros castellanos.

         Ángel Vicente Pérez, en su muy documentado artículo para la Fundación Joaquín Díaz, nos dice:

Pero la gaita de fole no se explica sin la gallega o la asturiana. Partiendo del mismo tronco común, se desgajó de él en el momento en que estas dos comenzaron a evolucionar, y la gaita de fole continuó anclada en las mismas formas y maneras que desde su mismísimo origen. Los modelos con los que actualmente se está tocando y otros más antiguos que han llegado hasta nuestros días, no se les sabe asignar muy bien desde cuándo no han evolucionado. Algunos datan este hecho en torno al siglo XVI o XVII, otros en los siglos XIV o XV. Lo que sí es cierto es que se pueden encontrar reproducciones iconográficas de la gaita de fole (que no gallega o asturiana) en las ilustraciones de las Cantigas de Alfonso X El Sabio, en el pórtico de la Colegiata de Toro de mediados del siglo XIII, o en una de las sillas talladas de la Catedral de Zamora.

Al par que este instrumento se ancló en el tiempo, se consolidó en una misma área socio-étnicocultural. Siguiendo las fronteras "políticas" actuales (que no culturales) la gaita de fole en sus cuatro estilos (sanabrés, alistano, braganzano y mirandés) se halla, en cuanto al lado español, en las comarcas Zamoranas de Sanabria, La Carballeda, los valles más occidentales de Benavente, Aliste, Tábara, Tierra de Alba, y en menor medida en el sureste de la provincia de Ourense (Concellos de A Mezquita y A Gudiña), así como en el suroeste de la provincia de León. Por el lado portugués se halla localizada limitando con estas comarcas en lo que es el Trás-os-montes tanto en el planalto Braganzano como Mirandés.

 

Espero que os haya gustado esta entradilla sobre la gaita sanabresa y os emplazo a oír las grabaciones de Los gaiteros de Pedrazales en donde escucharéis ese sonido telúrico de la gaita más antigua de España y Portugal.

CÉSAR MEDINA - BOCOS O LA HIDALGUÍA DEL POETA


César Medina-Bocos fue un hidalgo poeta o un poeta hidalgo, tanto da que da lo mismo. Con su caballo, iba el poeta con la tranquilidad violeta, como dijo Juan Ramón en unos versos. Con su caballo, recorría las tierras y se llenaba del olor de los rastrojos. Con su caballo, el alba lo encontraba en los pinares redescubriendo el mundo. César Medina – Bocos nació en Pedrajas de San Esteban, pero se casó en Serrada y hasta la casona de Serrada se fue y en ella, como parra fecunda, alimentó a sus muchos hijos. Medina –Bocos escribe con elegancia, no habla de penes ni de vulvas, ni nos cuenta un orgasmo en vivo y en directo porque es un caballero, un poeta que, todas las tardes, recorre los caminos mientras el sol se va poniendo por los tesos. A mí, como soy un tío antiguo, su poesía me gusta y disfruto con ella. Que fuera un hidalgo no me parece bien socialmente porque esa idea del hidalgo de que trabajen los romanos que para eso tienen el pecho de lata ha sido la ruina de España, pero la estética del hidalgo me gusta. Pero, claro,  el hecho de ser hidalgo te convierte en un elemento políticamente irrecuperable para la izquierda de este país cuya estética ha sido siempre de sobaquina, pana y lana y eructos tabernarios. Si el hombre tenía sus tierras, era medianamente rico y además montaba a caballo, es decir, lo más parecido a un señorito que ha de ser pasado a cuchillo pues no iba a ser de Podemos. Vamos, digo yo. Espero que me crucifiquéis por lo que he escrito y que me lluevan los comentarios airados, pero como nadie me lee, ni siquiera voy a darme ese gustazo.

Puso esta décima en su tumba, porque Medina – Bocos, por si no eran pocos sus defectos, también era católico:

Si eres cristiano, sé fuerte

y en este lugar sagrado

piensa en Dios y odia el pecado,

pero no temas la muerte.

Alza la vista y advierte

que tu victoria pregona

esa cruz que le corona,

prenda de infinito amor

del Divino Redentor

que resucita y perdona.

 



jueves, 27 de julio de 2017

EL PARAÍSO DE FRANCISCO BEJARANO



Érase un vez un niño que vivió en un paraíso (¿Qué niño no vive en un paraíso?) y era feliz, tan feliz como se puede ser en un lugar así, ajeno de la muerte y del dolor. Pero el niño perdió su paraíso porque el tiempo, ese ángel con espada de fuego, lo expulsó al mundo y, desde entonces, el niño anda perdido buscando su paraíso mediante la palabra, la gran sanadora de las cuitas del hombre. Pero el niño no encuentra su camino de regreso; no hay manera de volver a ese paraíso del que lo expulsó ese ángel cruel que cumple con su encargo, con su cometido. Y el niño se pregunta por aquélla casa, por aquélla luz, por aquéllos amaneceres en el paraíso en donde todo era esperanza y, para su desgracia, los compara con los actuales en la tierra de exilio y brota la pena que también cura las heridas del tiempo y de la vida. Aquel niño quiere volver al paraíso y hace su invocación poética para que ese viaje puede darse y hasta no le pone condiciones al regreso: quizás en la otra orilla o desde la otra orilla se puede volver a aquel territorio perdido. Aquel niño es un grandísimo poeta que con tan sólo cuatro libros publicados (no le hacen falta más) nos ha  preparado la medicina para los que también andamos buscando paraísos; ese niño ya es un hombre de más de setenta años que se llama Francisco Bejarano.

VIDA RETIRADA

Nada tengo para vosotros, nada.
¿Estos versos, quizá? No son ya míos
y no se puede dar lo que no es propio.
Qué son los versos sino la manera
de engañarnos a solas, de decirnos
que fuimos inmortales como dioses
en un reino guardado en la memoria.

No quise escribir versos porque oigo
en cada uno el nombre de una lágrima,
el nombre de una pérdida, el sonido
de una voz que deseo, como un eco
que juega con nosotros y responde
desde lejos, desde el lugar contrario
donde estuve seguro de encontrarla.

Pero una tarde me dejaron solo
con el dolor oscuro de una herida
que no podía restañar. No estaba
visible en parte alguna de mi carne,
pero sé dónde están las cicatrices:
en estos versos sin deseo escritos
en suaves palabras que no curan.

El regreso, 2002.

EL CANTO DEL PICO



En una entrada anterior, os he contado cómo don Antonio Maura murió en el palacio de El Canto del Pico y cómo este palacio era propiedad del conde de las Almenas. Merece la pena que nos paremos un poco en este edificio singular. Don José María del Palacio y Abárzuza, conde de las Almenas, decidió construirse una casa de estilo neogótico en lo alto del paraje conocido como Canto del Pico. Él mismo diseñó los planos y las obras duraron desde 1920 a 1922. Una mañana de diciembre de 1925, don Antonio Maura, que estaba en la finca de su hijo Gabriel, llamada El Pendolero, se acercó a pintar a la casa de su amigo el conde y, bajando las escaleras, falleció. En el lugar del óbito del político, don José María puso una placa que reza: Bajando por esta escalera, ascendió al cielo don Antonio Maura.  No voy a entrar en detalles, pero el conde, que ya había gastado toda su fortuna y que estaba sumido en una depresión por la muerte de su único hijo en la Guerra Civil,  acabó regalando la finca a Franco que le dio un uso muy particular del que ya hablaremos. La fina fue vendida por Carmen Franco Polo a un consorcio hotelero para construir un hotel de lujo, pero, como nuestro Colegio de los Escoceses, sigue esperando tiempos mejores. Llenos de maleza están sus jardines románticos y casi en ruinas el palacio que albergó la colección de arte del conde. Algún día - esperemos.- antes de que se caiga a pedazos, alguien se hará cargo del Canto del Pico.

 

FRANCO CON LOS PINCELES



De todos es sabido que a Franco le gustaba cazar y pescar y que a ambas distracciones le dedicaba buena parte de su ocio. También le gustaba la zarzuela, Marina en especial, pero eso ya es otra historia. Eso sí lo que es menos conocido es que Franco pintara. Parece ser que un día en que un pintor le estaba haciendo un retrato, o ferrolán cogió un pincel, probó y… ¡pintó tan bien que hasta sorprendió al pintor! (Entre nosotros, ¿quién iba a tener los mondrugos suficientes y bastantes para decirle a Franco que no sabía pintar?). Lo cierto es que don Francisco le cogió gusto a la pintura y a ella le dedicaba buenos ratos libres. Sin embargo, una jornada de caza tuvo la culpa de que se truncara su carrera pictórica porque, mira por dónde, se lesionó la mano izquierda con la que sostenía la paleta y Franco dejó la pintura. Hitler es público y notorio que abandonó también la pintura y, según algún psicólogo seguidor de Freud, eso le produjo un trauma que le llevó a ser como fue. No sabemos si el abandono de la pintura le produjo a Franco algún trauma, pero, por si acaso, a mis hijos les voy a dejar pintar lo que les de la real gana…

ROSSELLÓ - PÒRCEL Y LOS TOPICAZOS DE MALLORCA REDIMIDOS



Me gusta hablar de la literatura balear porque parece  que en las islas tan sólo hay alemanes, ensaimadas y el palacio de Marivent con el posado de los Reyes en el verano. Por eso, escribo esta entrada de blog sobre Bartomeu Rosselló- Pòrcell un mallorquín que fue amigo de Carles Riba, de Salvador Espriu y de Dámaso Alonso.  Me gusta hablar de literatura catalana porque, frente a la vulgaridad de la CUP y de Puigdemont, quiero que quede claro que amo a Cataluña y esas otras regiones que hablan, filológicamente hablando, dialectos del catalán. Por eso hay tardes que leo a Villallonga o escucho a Maria del Mar Bonet o me creo alumno de Gabriel Alomar y me imagino que estoy con Chopin y George Sand en Valdemosa mientras el maestro compone su Regentropfen preludium. Por eso hay días que me parece estar con Antonio Colinas en Ibiza, en esa casa mágica que tenía un aljibe que guardaba toda la vida del poeta leonés. Por eso hay días que creo que voy con Joan Manuel Serrat a visitar al farero del Cap de Pera, aquél al que el Noi de Poble Sec prefería al vigía de Occidente. Hay otros días en que creo que voy galopando con un caballo por Ciudadela y que me llego hasta Mahón para escuchar la voz eterna del mar mientras despido a los ingleses de la isla. Y todo son sueños porque no conozco Mallorca, ni Menorca, ni Ibiza, ni Formentera ni nada que no sea la España peninsular. Como decía el maestro Borges cuando alguien le elogió un soneto sobre el mar: ¡Pues ya verá usted de lo que seré capaz cuando lo conozca!

A Amàlia Tineo

Només un arbre, a la vorera, porta

el tremolor del mar, i el frec de fulles

retorna el benefici de les ones.

Les roques mortes en arenes mortes

viuen només uns brins d'herba poruga.

Mar foll de gris i verd i força d'aire:

trenca cristalls sobre la costa blana!

Aprèn l'ombra llunyana, blava i blanca,

dels núvols plens de vent i pròdigs d'ales.

Només en mi pots créixer més i estendre

més pura sal, més amagada pedra,

i encara retrobar-te en camins foscos

per balenes remotes i algues velles.

Però jo m'he perdut en les planúries

que han oblidat la dansa, el crit de l'aigua

entre alzines i roures, entre llunes
sense rius, sense pous, sense ones altes.

CARLOS GARCÍA GUAL Y LA ESTRUCTURA DEL EPINICIO PINDÁRICO


Desde mi más lejana juventud, he sido un lector apasionado de Carlos García Gual. En tercero de carrera, García Gual  llegó a la Complutense y todos esperamos sus clases con devoción porque aquel hombre que escribía tan bien tenía que ser, forzosamente, un gran profesor. El primer día de clase, lo esperábamos en el aula para ver cómo explicaba el maestro de los libros sobre los cínicos, sobre Epicuro o el eximio traductor que había sido Premio Fray Luis de León de traducción. Apareció Gual con una simple ficha de cartulina y nos empezó a explicar la literatura griega que era, a la sazón, su asignatura y nosotros, tiernos alumnos de Clásicas, no decíamos nada, pero aquel hombre no nos parecía el gran divulgador que habíamos leído: no daba casi apuntes y el chorro de “ciencia” que esperábamos había devenido un pequeño caño del que, muy de tarde en tarde, brotaba alguna agua purificadora y hasta salía, rebotando en la pileta, alguna pepita de oro. Gual convocó el examen un sábado – que era cuando hacíamos los exámenes – y, con esa carita de sátiro que Dios le ha dado, nos formuló la primera pregunta: La estructura del epinicio pindárico. Fue decirlo y empezar a salir compañeros por la puerta hasta que la clase se quedó mediada. Entonces Gual, sin acusar sorpresa, sin revelar ningún sentimiento de lástima, sin piedad, dijo: Si ustedes lo desean, pueden seguir saliendo.

         Yo me quedé y puse una simplicidad: que el epinicio pindárico se estructuraba en estrofa, antístrofa y épodo y creo que no pude poner nada más. No aprobé el examen, pero aguanté hasta el final con esa actitud de los estudiantes  que siempre se quedan hasta el final por si hay alguna inspiración del Espíritu Santo, costumbre que, por cierto, tanto critico hoy en día a mis alumnos olmedanos.

         ¡En fin, qué os voy a decir! He seguido leyendo a Gual y el último libro que he leído ha sido La muerte de los héroes, una gozada, una maravilla del acercamiento de los mitos clásicos. Gual, que hizo su tesis sobre La diátesis en el verbo griego, dejó los caminos de la lingüística para pasar a los caminos de la lectura porque García Gual es, ante todo, un lector empedernido que lo mismo recorre el Ciclo Artúrico que lee a mi amigo del alma, Jacinto Herrero, el poeta de los canarios flauta. Los libros de Gual siguen siendo para mí una fuente de conocimiento, de placer y de aprendizaje, pero también os digo que, desde aquel día del examen, cuando lo leo, se me viene a las mientes la preguntita de marras y es que ¡un epinicio pindárico es mucho epinicio!


miércoles, 26 de julio de 2017

ESTÍO DE EDITH WHARTON



Hay novelas que llenan todo un verano y, tras leer Estío de Edith Wharton, queda una sensación de plenitud, de haber pasado las horas con una maravillosa novela en donde se trata del desamparo en el que vive Charity en la aburrida ciudad de North Dormer en Nueva Inglaterra. La muchacha, que nació en una zona muy pobre a la que llaman La Montaña, fue recogida por el señor Royall, un abogado viudo. A este mundo aburrido viene Lucius Herney, un abogado arquitecto que vienen a hacer un estudio sobre las casas coloniales y que le lleva a Charity todo un mundo nuevo. Con él pasa las fiestas del 4 de julio en Nettleton y pasea en barca por un lago. Sin embargo, se tiene que marchar y la deja con la promesa de que volverá a rescatarla de ese mundo aburrido, esclerotizado por el provincianismo más cruel. No sigo contando lo que ocurre, pero la chica se siente desprotegida y toma una decisión ( o se deja llevar hacia esa decisión no por voluntad propia, sino por simple deseo de seguridad, de que el mundo no se le borre y la tierra no se retire de sus pies). Gran novela que me ha llenado junto con las dos novelas ya comentadas de Dostoievski este mes de julio con noches frescas que nos ha regalado el año 2017. ¡Qué bien escriben las norteamericanas!

EL ADOLESCENTE




Arkadi Dolgoruki es un adolescente, hijo ilegítimo de un propietario rural llamado Versílov al que el joven admira profundamente, pero también odia.  Este muchacho está torturado por su búsqueda interior y va narrando unas memorias complicadas en las que las pasiones  y el dinero juegan un papel importante. No faltan las culpas y tampoco las preocupaciones intelectuales de Arkadi sobre la vida, el honor, Dios, la política y la vida. Cualquier parecido con un adolescente actual preocupado por botellones y música de basurero es una mera coincidencia aunque siempre hay algún justo que salva Sodoma. Merece la pena la lectura de este libro de Dostoievsky en donde, una vez más, el autor ruso se acerca y desmenuza al ser humano.

lunes, 24 de julio de 2017

LAS ACUARELAS DE DON ANTONIO MAURA


Con motivo de mi visita a la Fundación Antonio Maura, contemplé con asombro las acuarelas que don Antonio Maura pintaba en sus ratos libres. No sabía que el gran político mallorquín también fuera pintor, pero no es cosa rara pues un hermano suyo lo fue y de este pintor procede la familia de la actriz Carmen Maura. Don Antonio, casado con Constancia Gamazo,  hermana de Germán ,  le dedicó pinturas a Castilla, a Cantabria- en donde con muy buen gusto veraneaba- y a otros lugares de España. Me sorprenden estos políticos que,  además de hablar bien-  (ahí están publicados en mi querida colección Austral de Espasa Calpe sus discursos)- , de querer a su país y de pensar en sus ciudadanos ( de don Antonio procede, sin ir más lejos, la "idea“" del descanso dominical de los obreros que ahora, en este capitalismo salvaje,  está en serio peligro de desaparecer),  sacaban tiempo para llevarse sus pinceles y pintar . La verdad, no veo a nuestros políticos actuales ni publicando sus discursos (se me ha olvidado decir que don Antonio era un gran lector de Demóstenes y de Séneca) ni pintando acuarelas sobre los paisajes de España. Eran otros políticos; eran estadistas y no gentes mediocres con ansia de poder y de dinero. Cuando don Antonio murió en la casa del canto del Pico en donde pasaba unos días, bajaba por las escaleras del jardín para ponerse a ejercitar su gran afición y cayó en brazos del conde de las Almenas que puso una placa en el lugar exacto en donde don Antonio murió. Os dejo una acuarela del mallorquín para que se nos pongan los dientes largos y, por cierto, a ver si a don Mariano Rajoy,  don Pedro Sánchez o a don Pablo Iglesias se les ve su vena artística porque la otra, la del poder, ya se la tenemos más que vista.



 

viernes, 14 de julio de 2017

MIS HERMANOS KARAMAZOV



He terminado en junio de releer, por tercera vez, “mis” Hermanos Karamazov y los he encontrado con una salud fantástica, pero, a medida que lo iba leyendo, me he permitido pensar en esta broma: ¿podrían darse estos hermanos en nuestro mundo actual? Veamos.


         El padre, Fiodor, es seguro que estaría en una residencia de ancianos para no molestar a sus hijos. Lo irían a ver los domingos y fiestas de guardar y vivirían  muy felices y, sobre todo, con la conciencia muy tranquila pues “está mejor atendido que en casa”


         Dimitri, también conocido como Mitia, Mitka o Mitienka, hedonista, jugador y gran derrochador estaría ingresado en un hospital psiquiátrico para tratar su ludopatía. Al estar Mitka ingresado y Fiodor, el padre, también, nos evitaríamos la discusión que tiene lugar al principio de la novela y que hace a Mitka principal sospechoso de la muerte del padre y candidato número uno a convertirse en Edipo.


         Iván, el poeta, el racionalista a ultranza, el agnóstico estaría escribiendo en alguna publicación del grupo PRISA o en la SEXTA, pese a las discrepancias de ambas cadenas. Firmaría libros en la Feria del Libro madrileña y estaría libre de toda culpa porque habría visitado a un psicólogo argentino.


         Aliosha, mi pobre Aliosha, el místico, el teólogo, el novicio, habría contactado con un grupo Zen y andaría por esos mundos de Dios vestido con una túnica azafranada. Publicaría un libro como el de Pablo D’Ors que se vendería con gran éxito en la FNAC y en AMAZON.ES. Terminaría casado con una psicóloga (española o argentina, me da igual) y escribiendo libros de autoayuda con mucha meditación y muchas sentadas para alcanzar el nirvana.


         Smerdiakov habría estado desde pequeño en manos de los Servicios Sociales con lo que se habría evitado el asesinato de varios gatos. Sin embargo, su excesivo trato con psicólogos y pedagogos, le habría llevado a un estado mental irrecuperable que le habría llevado a un hospital psiquiátrico a un partido político en el que hubiera conseguido alguna asesoría bien pagada con la cja B y se podría haber comprado algunas finquillas.


         ¿Y Dios, ¡qué habría sido de Dios? muy sencillo: sería compañero del padre, de Fiodor, en la misma residencia de ancianos.


         ¡Que don Fiódor Mijáilovich Dostoyevski  me perdone esta pequeña broma literaria!



EL DÍA DEL ORGULLO GAY




En estos días pasados, se ha celebrado en Madrid el Día del Orgullo Gay lo que ha supuesto una alegría para unos y una tristeza, casi un desdoro y hasta un cabreo monumental para otros. Vaya en primer lugar mi respeto por el colectivo gay tantos años torturado por bromas y veras, no sólo en España, sino en otros lugares en donde ser gay te puede costar la vida y sirva como ejemplo de lo que digo la actitud de los radicales islámicos o, en tiempos pasados, los asesinatos de homosexuales perpetrados por Stalin de los que la izquierda, tan callejera y panfletaria, sufre un curioso olvido. (Por cierto, ¿saben esto los gays que en la manifestación llevaban la bandera del arco iris con la hoz y el martillo?) Dicho esto, también tengo que decir que la fiesta en cuestión me parece chabacana, zafia y de mal gusto. Lo dice muy bien un homosexual declarado, que tuvo que abandonar España en los sesenta, como es Álvaro Pombo: “No puedo soportar a la gente que se empeña en celebrar el día del Orgullo Gay. No entiendo por qué se sienten orgullosos de enseñar, cada año, sus culos y demás vergüenzas por las calles” Y en unas declaraciones publicadas en el Diario de Léon, dice unas palabras que copio: “Yo me manifiesto en público escribiendo. Los homosexuales tienen que construir una nueva narración, que no sea la de la subcultura gay, sino una narración amorosa profunda y seria y, sí, posiblemente integrada. A mí la cultura gay tal y como se manifiesta, lo que se vende como cultura gay, me cansa un poco y me preocupa su frivolidad. La falta de sustancia acaba hiriendo” Mejor no se puede expresar y es que una cultura gay basada en lo frívolo, en lo vulgar, en lo chabacano no lleva a ninguna parte. Lorca lo dejó muy claro en su Oda a Walty Whitman; Cernuda no creo que participara en estas manifestaciones de lo procaz y don Vicente Aleixandre, tan callado, no creo que fuera en una carroza con el culo al aire. El mundo homosexual tiene que reivindicar una cultura enorme (grandes artistas han sido y son homosexuales), pero quedarse en “hacer la loca” por las calles de Madrid con el beneplácito y la subvención de doña Manuel Carmena no lleva nada más al ridículo, al chiste barato de taberna y dominó. Frente a tanta testosterona barata delos machos ibéricos hay que presentar los poemas de Lorca, de Cernuda, de Aleixandre; la prosa de Pombo, la música de Chaikovski. Lo de los culos al aire y las meadas en las estatuas alienta y da sentido a las bromas hirientes, a los chistes de mariquitas, - que tan sólo servían para hacer reír al señorito analfabeto y copulador de turno en el casino- ,  y al ataque al homosexual. Y es que,  en el fondo,  se ve en esta actitud hostil el miedo a la parte femenina que todos tenemos incluido ese otro “colectivo” también tan repelente: el del macho ibérico que ni siquiera habla de la homosexualidad para que su hombría, que se refleja en eructar sonoro, hablar de fútbol, y quejarse de lo poco que folla, no sufra menoscabo. ¡Miquelarena, qué país!

 

jueves, 13 de julio de 2017

DON GREGORIO MAYÁNS Y SISCAR


Siguiendo con personajes de la Ilustración en España, nos dedicamos hoy a Gregorio Mayáns y Siscar, el gran erudito valenciano nacido en Oliva, un nueve de mayo de 1699. Estudia Derecho en Valencia y en 1719 va a Salamanca para profundizar en estos estudios. Allí conoce, por medición de su profesor Borrull,  a Manuel Martí, deán alicantino que le va a iniciar en las humanidades del Renacimiento español. A partir de aquí, Mayáns dedicará gran parte de su provechosa vida a recuperar toda la tradición cultural que el Barroco había dejado olvidar. Su amor por Juan Luis Vives fue proverbial y en la  edición de sus obras, en cuyo transcurso le sorprendió la muerte ya octogenario, y de las que tenía un ejemplar don Antonio Fontán en los cursos de doctorado allá por 1991. Por don Antonio Fontán, mi caro maestro, conocí a este erudito valenciano.  Sin embargo, aun con suficientes méritos no para una entrada de blog, sino para cien, lo traigo porque tuvo el bueno de don Gregorio la osadía de proponer una reforma educativa en la que destacaba, por ejemplo, la enseñanza del latín en castellano (se enseñaba el  latín en latín) y que se estudiaran para el aprendizaje autores clásicos y no autores de latín eclesiástico, algo que ya había propuesto en el siglo XVI el humanista español Pedro Martín Abril. Esta propuesta de reforma educativa se la presenta al ministro de turno, José Patiño, que ni se digna en contestar: el pobre Mayáns murió esperando la respuesta del ministro. ¿No es esta historia conocida en España? ¿No nos suena de algo ese “silencio administrativo” de la Administración, sea de la época que sea,  en especial cuando se trata de la maltrecha educación Educación? ¿No os parece que estamos tratando de un tema actual? ¡Ay, Señor, que ya estamos en tratos con  la triste España sin ventura!

EL CONVENTO DE CASARÁS


Aquel personaje inefable que fue Pepín Folliot nos contaba en aquellas tardes de nieve y chimenea de la Fuenfría que un amigo suyo, husmeando por el Convento de Casarás había encontrado algún cáliz y hasta algún hisopo de plata. Pepín contaba tan bien las cosa que nos lo creíamos todo y, cuando remontábamos la Fuenfría y bajábamos hasta el bellísimo paraje en donde están las ruinas de Casarás, queríamos tener la misma suerte que el amigo de Pepe y encontrar algún cáliz de oro entre las viejas piedras. Pero lectura por aquí, lectura por allí, la historia ha puesto en su sitio a estas ruinas. Vamos por partes, como le gustaba decir a Jack el Destripador.

         En el siglo XVI, el rey Felipe II, para poder pasar mejor la sierra de Guadarrama por el paso de la Fuenfría, encargó a su  secretario Francisco de Eraso la construcción de un pabellón real que pasó a llamarse la Casa de Eraso muy usada por los monarcas en su viaje al palacio de La Granja.

         Cuando don Pascual Madoz pregunta a los lugareños de Valsaín por esas ruinas le dicen que son de Casarás, una deformación fonética de Casa de Eraso> Caseraso> Casaraso> Casarás y don Pascual afirma que son los restos de un antiguo convento templario sin duda recogiendo la voz del pueblo que consideraba que toda ruina tenía que ser eclesiástica y, a poder ser, con carácter mágico. Y así es como se formó “el mito del convento” que pervivió durante algunos años y que se reavivó gracias  la literatura de Jesús de Aragón (siempre digo lo mismo, pero  el tío Jesús merece una página por sí solito) que hizo que hasta Valsaín llegara desde París Hugo de Marillac, caballero templario, que llevó en una carreta un gran tesoro, el tesoro de Casarás que seguiría guardado en pasadizos secretos bajo las ruinas del monasterio.

         Ahora sabemos que no existió tal monasterio nada más  en la cabeza del pueblo llano y de la cabeza literaria de Jesús de Aragón; que Hugo de Marillac no llegó nunca a Valsaín y que no existe tal tesoro; que las ruinas de Casarás son “tan sólo” los restos de un albergue real para los viajes a La Granja, pero el día que vayamos, en honor a ti, Pepe, seguiremos buscando algún cáliz de oro, algún hisopo de plata o el anillo de Hugo de Marillac. Y es que un servidor le debe este mundo mágico a aquel señor que hizo la quinta escalada al Naranjo de Bulnes (Picu Urriellu para los asturianos que lean estas líneas), que recorrió el Pirineo haciendo la variante salida de los españoles en el Couloir de Gaube o que se marcó alguna vía en Los Galayos. Gracias, Pepín, por tantas tardes de “pandingu” y chimenea, de bromas y de risas, de historias montañeras y del Banco de Santander. Porque tengo que decir para aquellos que no lo sepan que don José González Folliot era mucho Pepín.